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S.S. celebró la Santísima Eucaristía el domingo de Pascua. 28-04-2019

El 28 de abril de 2019, Su Santidad Patriarca Mor Ignacio Efrén II, celebró la Santísima Eucaristía el domingo de Pascua en la Catedral Patriarcal de San Jorge en Bab Touma, Damasco. Sus Eminencias, el Arzobispo Mor Timotheos Matta Al-Khoury, Vicario Patriarcal de la Arquidiócesis Patriarcal de Damasco, y el Arzobispo Armash Nalbandian, Arzobispo Armenio Ortodoxo de Damasco, asistieron a Su Santidad en la Santísima Eucaristía. Su Excelencia el Sr. Hammouda Sabbagh, Presidente del Parlamento Sirio, asistió a la Eucaristía junto con su familia. En su homilía, Su Santidad aseguró que los que creemos que nuestro Señor ha resucitado de entre los muertos, debemos vivir en consecuencia y, por lo tanto, ser una nueva creación en el Espíritu y en la verdad. Consideró que "el mal, la destrucción, las guerras, el hambre, los desastres, son todos un signo de nuestra débil fe en Dios y en su resurrección, y de no llevar una vida que complace al Hijo resucitado". Añadió: "si todos los humanos creyeran en Su resurrección, nuestro mundo habría sido un lugar mejor donde reine la paz, el amor y la serenidad". Su Santidad también consideró que la vida de nuestro Señor Jesús entre nosotros no llegó a su fin en la cruz, sino que se completó cuando se levantó de entre los muertos. Su vida es una vida de amor, porque Él dijo: porque tanto amó Dios al mundo que dio a su único Hijo, para que quien crea en él no perezca sino que tenga vida eterna. Su Santidad ilustró: "Cada uno de nosotros es un ciervo para nuestro Señor Jesucristo, no solo aquellos de nosotros que creemos en Él, sino todos los humanos, porque Él quiere que todos nos arrepintamos y seamos salvos". Añadió: "nunca hemos oído hablar de un dios que haya muerto en nombre del mundo, y no solo para los que lo aman, sino también para los no creyentes. Solo nuestro verdadero Señor y Dios, a quienes adoramos, murió para que nosotros tengamos vida". Su Santidad continuó: "hoy es la Fiesta de la Resurrección; hoy es un día en el que renovamos nuestras vidas en Cristo; un día en el que nos hacemos nuevos en Espíritu y verdad, y aceptamos la nueva ley del Señor Jesucristo, por lo tanto amamos a nuestros enemigos y rezamos por los que nos persiguen ". Sobre la situación en Siria, Su Santidad dijo: "Hemos apelado, y continuamos apelando a aquellos países y poderes que nos han impuesto sanciones ilegales, injustas y unilaterales, las levanten, porque nadie merece ser privado de su derechos humanos basicos". Su Santidad oró por todos los que hacen el mal a Siria, para que el Señor los ilumine y los lleve a la verdad. Oró por Irak, el Líbano y la región. También saludó a sus hijos espirituales fieles de la Iglesia Ortodoxa Siriana de Antioquía, y a todos los cristianos. Concluyó: "Oramos para que nuestro mundo sea consagrado al Señor Dios. Cristo ha resucitado, verdaderamente ha resucitado". Al final de su homilía, Su Santidad también oró por la paz en Siria y en el Medio Oriente. Durante la Santísima Eucaristía, Su Santidad dirigió la procesión de la Cruz, así como las oraciones especiales para la Resurrección.

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